Nathan Söderblom
Lars Olof
Jonathan (llamado Nathan) Söderblom,
nació en Trönö, en la provincia sueca de Hälsingland, siendo hijo de Jonas
Söderblom, un pastor pietista, y de Sophia (Blume) Söderblom, de quien entre sus antepasados se encontraba un
anterior Obispo de Oslo.
Como estudiante de la Universidad de Upsala, Söderblom se ganó el respeto de sus pares y de sus
profesores no solo por su evidente capacidad intelectual, sino que también por su
carisma, abundante vitalidad y calidad como orador. Obtuvo su Bachiller en
1886, graduándose con honores en Griego, y mención
honrosa en Hebreo, Árabe y Latín. Su admirable capacidad lingüística le hizo
apto para la exigente erudición de la facultad de Teología de la Universidad de Upsala, en
donde, durante los siguientes seis años, él continuó sus estudios de post grado
en Teología e historia de la Religión. Desde su fundación en 1888, Söderblom fue el editor durante cinco años de Meddelanden, la revista de la Asociación Misionera Estudiantil, en cuyas
páginas él escribió su primera obra. Esta obra llegaría ha ser una bibliografía
personal de más de 700 artículos.
En 1890, asistió a la Conferencia Estudiantil Cristiana, en Nueva
Inglaterra y allí, después de escuchar la lectura de un clérigo visitante,
escribió en su diario una sentencia que llegaría ha ser probada como profética:
“Señor, dame la humildad y sabiduría, para servir a la obra de la libre unidad
de Tu Iglesia”.
Después de ser ordenado pastor en 1893, y ser contratado
como capellán en el hospital psiquiátrico de Upsala, pudo
casarse con Anna Forsell,
una talentoso estudiante (una de las veinte mujeres contra 1700 hombres de la Universidad de Uppsala) que
más tarde fue quien le daría trece niños, así como a colaborar en la
preparación de muchas de sus obras publicadas. Aceptó una llamada a la Iglesia sueca en París.
Durante siete años, desde 1894
a 1901, Söderblom predicó en Paris, donde
su congregación incluía a miembros tales como Alfred Nobel, August Strindberg,
así como también a muchos pintores, escritores, hombres de negocios,
diplomáticos y turistas de origen sueco y noruego.
Los veranos los ocupaba en Calais,
trabajando en investigación y en la creación de innumerables textos, además de
servir como capellán de la comunidad sueca en esa área. Mientras tanto había
ejercido estudios de postgrado en teología, historia de las religiones, y de
los idiomas anteriores a la edad clásica, y eventualmente se convirtió en el
primer extranjero en obtener el grado de
Doctor en Teología en la Facultad protestante de la Sorbona.

Nathan Söderblom en
1920
Todas estas
experiencias comenzaron a comprometer a Söderblom en
el fortalecimiento del proceso de la “unidad de los cristianos”. Uno de sus más
conocidos biógrafos, Charles J. Curtis, afirma que su
paso por Francia y el conocimiento de la cultura francesa y parisina, le dieron
una perspectiva internacional de la iglesia, que la fusión de las corrientes
teológicas de Francia con las de su tierra natal solidificaron su liberalismo
teológico, y que el trabajo social entre los escandinavos en Francia lo
convenció de que en la vida de la iglesia el correcto obrar es tan o más
importante que el correcto creer o la “sana doctrina”.
Desde 1901 a 1914, Söderblom ocupó un puesto en la Escuela de Teología de la Universidad de Upsala, y
desde 1912 a 1914 en la universidad
de Leipzig. En esos productivos años escribió
numerosos libros sobre historia de la religión, psicología de la religión, y
filosofía de la religión. Con un grupo de brillantes colegas y estudiantes de Uppsala, Söderblom guió un despertar teológico en Suecia, dándole
estatura en el ámbito de la religión comparativa, aplicando el tema de la
singularidad del cristianismo en el casco histórico y del carácter personal de la Revelación, incorporando el estudio de religiones no
cristianas en la disciplina del cristianismo, e impulsando estudios intensos
sobre la vida y el pensamiento de Martín Lutero.
La elección en 1914 de Söderblom
como Arzobispo de Uppsala, y en consecuencia, primado
de la Iglesia Luterana Sueca, fue para muchos
(inclusive para él) una inmensa sorpresa. Esto, pues habitualmente, el rey
optaba por el primer nombre en una lista de los tres que encabezaban la lista
en la votación en los dieciséis colegios electorales. En primer y segundo lugar
estaban dos distinguidos obispos quienes entre sí dividían el ochenta y dos por
ciento del voto electoral casi uniformemente, y solo en tercer lugar estaba Söderblom, el pastor y profesor con solo el 18 % de los
votos. Desde 1970 la elección de los arzobispos había sido así.
Durante los siguientes (y últimos) diecisiete años de su
vida, Söderblom cumplió con sus obligaciones como
cabeza de la administración de la iglesia, visitando iglesias a través de la
nación, construyendo y reinaugurando iglesias. Todo esto con gran esfuerzo evangelístico, dando nueva vida y forma a los ya viejos
rituales eclesiásticos, teniendo como fruto un nuevo fervor en la iglesia.
Internacionalmente, él es conocido como el gran arquitecto
del movimiento ecuménico en el siglo XX. Logró la intercomunicación entre la Iglesia sueca y la Iglesia de Inglaterra cerca de 1909; en 1920 la
participación del Obispo Woods, de Peterborough, Inglaterra, en la Consagración de dos obispos suecos;
al año siguiente Woods recibió en Peterborough
al movimiento “Vida y Obra” encabezado por Söderblom.
Él era de la opinión de que el movimiento ecuménico era estorbado en ese
periodo por varias razones:
-
las Iglesias Oficiales francesas, Americanas y alemanas eran
demasiado conservadoras
-
los temores del Arzobispo de Canterbury
(de la Iglesia de Inglaterra).
-
Los patriarcas de las Iglesias Ortodoxas Orientales recién emergían
del aislamiento.
-
La iglesia católica romana derechamente se oponía.
-
Los que estaban a favor eran generalmente personas con escaso
poder decisorio.
Söderblom tenía poder, de todas maneras, desde que él se convirtió en
cabeza de la iglesia nacional sueca, adquirió otros importantes atributos,
incluyendo su prestigio académico y carisma personal.
La
conferencia de Estocolmo en 1925, en la cual participaron Anglicanos,
miembros de otras iglesias protestantes y los Cristianos ortodoxos, fue el
punto y evento culmine de los esfuerzos ecuménicos de Söderblom.
En aquella ocasión sin embargo, la iglesia romana no quiso ser representada. La Conferencia, descrita en detalle en el libro de Söderblom “Estocolmo 1925”, sentó las bases para un
futuro credo ecuménico, enfatizando la necesidad de reconciliar las filosofías
de la subjetividad espiritual y la acción social objetiva, buscando encontrar
la unidad y apelando a la paz en el mundo.
Söderblom fue reconocido por la Academia Sueca en 1921, con el Premio Nobel de la Paz en 1930, y de su
invitación a entregar las Gifford Lectures
en Edimburgo en 1931. Para estas famosas cátedras tenía previsto un gran
esfuerzo académico (una serie de conferencias que se entregarían en 1931 y
1932, y que se publicarían en dos volúmenes). Él dictó la primera serie de diez
conferencias, entre mayo 19 y 8 de junio de 1931, pero poco después murió. No
logró encontrar un título adecuado para su libro sino hasta el último día de su
vida: El Dios vivo.
Murió en Uppsala el 12 de Julio de 1931.